Actividades y recursos para abordar Comunicación y producción verbal en el nivel secundario B.C. Villa Àngela. Chaco. Argentina
viernes, 29 de julio de 2016
Material para descargar: Leer para escribir
Para abordar la antología de textos "lecturas sobre la invención", sugiero a los docentes que trabajen con estos textos la lectura y creación de consignas orientadas a la producción de textos siguiendo la propuesta de Maite Alvarado sobre la escritura de invención en La escritura como problema.
- Selección de textos para desarrollar la escritura: Lecturas sobre la invención (Descarga)
- La escritura como problema. Maite Alvarado(Descargar)
- Otra obra recomendable de la misma autora en colaboración con Gustavo Bombini et al:
- El Nuevo Escriturón (Descarga)
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leer para escribir
viernes, 27 de enero de 2012
domingo, 20 de marzo de 2011
Lectura como acto político. Florencia María Pérez Declercq Lic. En Ciencias de la Educación con Especialización en Nuevas Infancias y Juventudes. (UNGS 2008).
¿Lectura o lecturas? La lectura como acto político.
¿Por qué cierta lectura choca con la cultura dominante?
Para caracterizar la cultura dominante es preciso pensar en las estructuras y formas económicas en que ésta se inserta. Estamos atravesando un momento histórico en que el capitalismo se ha instalado de una manera generalizada dando lugar a una economía globalizada. Esta economía se distingue por trascender las fronteras nacionales, dando lugar a fuertes monopolios y a una brecha creciente entre pobres y ricos que sume a una gran parte de la población en la pobreza y la exclusión social. La economía globalizada cuya producción es en serie, busca generar un consumo homogéneo, uniforme, para de este modo construir un mercado transnacional que consuma lo mismo. Este consumo debe, a su vez, cambiar periódicamente. Crear un mercado homogéneo implica borrar las diferencias regionales, las producciones culturales de cada lugar. Se suma a esto la fuerte incidencia de las nuevas tecnologías de la comunicación que, a la vez que permiten la circulación de información a lo largo y a lo ancho del planeta, posibilitan la manipulación de la misma en pos de los intereses de los sectores más poderosos. Los procesos antes mencionados no son ajenos a la cultura hegemónica. Ya que se requiere de determinadas condiciones simbólicas para que estas formas de producción y distribución económica sean posibles.
Paco Ibáñez, Rosario, Parque España, octubre 2010.
La cultura dominante se caracteriza por el utilitarismo, la búsqueda permanente de un fin económico. Para lo anterior la velocidad es crucial, ya que es en la ecuación velocidad – producción en que se juega la eficiencia del hacer. Hay un afán por la inmediatez en detrimento de procesos que llevan tiempo y esfuerzo. El éxito se plantea en términos individuales, dejando a un lado la dimensión comunitaria. Esto genera fuerte competencia e individualismo. Se trata, a su vez, de una cultura centrada en la imagen, una imagen anclada en la juventud, que deja de lado otros aspectos de la vida humana, entre ellos el pensar. De la mano de la imagen, otra bandera que se enarbola es la de la búsqueda del placer. Un placer obtenido a cualquier precio, un placer permanente y en gran medida individual, desligado de la construcción colectiva. A su vez, conviene recordar que estos procesos no se dan sin contradicciones. Contradicciones que son motor de la historia y desde las cuales es dable pensar la transformación.
Contrastes
Si tomamos cada una de estas características y las confrontamos con ciertos actos de lectura, observaremos que en muchos casos se presenta un fuerte contraste con la cultura dominante. También existen actos de lectura que resultan funcionales al poder dominante y operan como un refuerzo del mismo. Por lo tanto más que hablar de la lectura deberíamos hablar de lecturas, para dar cuenta de los múltiples modos en que ésta puede darse y las consecuencias dispares que acarrea.
A diferencia de la uniformidad que masifica, la lectura de ningún modo es homogénea, apela a lo más subjetivo, generando procesos únicos que dependerán de la historia de cada sujeto. Estas diferencias pueden generar incluso confrontación y debate a partir de las interpretaciones distintas e inéditas que cada lector produce. Muchas veces una lectura lleva a la otra, enriqueciendo el mundo interno del sujeto, quién iniciará recorridos que también serán únicos e irrepetibles.
Sin embargo, también se presenta el fenómeno de la lectura como homogeneizadora. No pocas veces la escuela se ocupa de proponer una lectura lineal y unívoca, anulando los procesos subjetivos que ésta pudiera desencadenar. El mercado también ofrecerá materiales de lectura que apelen a un uso uniforme del mismo y que ayuden a uniformizar a los sujetos. Desde planteos autoritarios que niegan al lector como sujeto. Con formatos remozados y argumentos barnizados nos seguimos encontrando con cantidad de discursos que a modo de recetario nos indican qué hacer.
Frente a una cultura utilitarista, que mide el éxito en términos de productividad, la lectura resulta “improductiva”, a la vez que implica tiempo y dedicación, aún cuando muchos discursos actuales pretendan presentarla como una actividad puramente placentera, escindida del esfuerzo. En palabras de G. Montes “Leemos porque estamos solos frente al enigma. (…) también es un placer, pero es un placer punzante. (…) es una apuesta fuerte y es un trabajo.” La lectura supone otros tiempos que los que marca el ritmo del mercado. Tiempos que incluso van mucho más allá del momento mismo de la lectura, marcando una cronicidad muy lejana al zapping. En ocasiones, una conclusión provocada por la lectura nos “cae” mucho más tarde que la lectura misma. Asimismo, sus efectos pueden generar en el lector una puesta en duda de los valores imperantes.
Existen, sin embargo, numerosos materiales de lectura que ofrecen al lector recetarios prácticos para diversos usos. En los cuales el objetivo será un resultado práctico e inmediato. Desde técnicas para ganar dinero a fórmulas para ser felices, no pocos textos se inscriben en una lógica utilitarista.
En contraste con una cultura individualista e inmediatista, la lectura se trata de una acción que obliga a pensar, a imaginar y que, lejos de resultar individual, es en última instancia un encuentro, un diálogo con el otro. Un otro que estará representado por los personajes, por el propio autor. También habilita el diálogo con los otros reales y concretos, cuando a partir de la lectura se producen diálogos, intercambios, recomendaciones… Y es en esos diálogos en que se juega el lugar emancipador de la lectura. No obstante, también existen producciones escritas destinadas al culto del individualismo, que plantean el éxito personal escindido de toda dimensión colectiva o comunitaria.
La economía globalizada precisa de un consumo homogéneo pero cambiante. La lectura también atenta contra esta regla. El libro, a diferencia de una prenda de moda, no necesariamente pierde vigencia con el tiempo. Es más, en ocasiones su “edad” lo revaloriza. Lo que la lectura produce no pasa por la imagen y el placer que proporciona no se da necesariamente en forma permanente ni inmediata. Muchas veces implica un arduo trabajo internarse en un texto, otorgarle un sentido.
No faltan, los libros de moda. Acompañados de la publicidad necesaria como para convertirlos en best sellers. Materiales cuyo único mérito es estar en la vidriera y presentarse como novedosos o atractivos. La enorme producción de libros en la actualidad no tiene precedente en la historia, sin embargo no deberíamos homologar consumo a lectura. Resulta una práctica habitual el ojear contratapas e índices para “estar al tanto”, planteada como una necesidad desde ciertos parámetros sociales. Y aún, en ciertos sectores, también se instala el libro como un objeto de consumo que cotiza bien en la imagen social. Podemos ver, por ejemplo, revistas de decoración que incluyen en las fotos de interiores libros, instalados allí como un objeto decorativo.
Si lo pensamos en términos económicos, no se trata del negocio más redituable, y a diferencia de otros rubros, existen múltiples estrategias de resistir las leyes del mercado. Las fotocopias, los préstamos e intercambios, las donaciones, las ventas de textos usados a muy bajo costo, las bibliotecas públicas, la lectura en la red, son algunas de las formas de resistencia que atentan contra el consumo más mercantil. Aunque, evidentemente, el mercado no pierde la oportunidad de que el libro como objeto de consumo resulte un negocio rentable. Existe una industria alrededor del libro que produce fuertes ganancias y que no escapa a las reglas propias del mercado. Por ejemplo, en los grandes centros de consumo, existen monopolios a la hora de vender este tipo de material, cerrando las puertas a los pequeños editores y a las producciones alternativas que no cuentan con fondos para la circulación, publicidad y venta. La información cuesta dinero y otorga poder a quien la posee. Es entendible, entonces, que cierta información sea accesible solamente a una franja de la población: la que la puede comprar.
El acto de leer, en su sentido más profundo, supone un acto emancipador. Permite al lector cierta autonomía en sus interpretaciones. En el caso de la lectura placentera, esta no va en busca de un fin económico, y ni siquiera obtiene placer sin esfuerzo ni dedicación. Queda claro, entonces, como puede romper con la lógica dominante. Pero como, a su vez, los actos de lectura, en muchas ocasiones, sirven a los intereses del mercado y de la cultura que le hace de soporte. Retomando a G. Montes podemos pensar la lectura como un acto emancipador: “Para desmontar el pensamiento hegemónico hace falta leer y la lectura siempre necesariamente incorpora la historia, el acontecer. (…) La perplejidad es el primer punto de la postura del lector .Si nos sentimos perplejos, si nos preguntamos, desencadenamos lectura y si leemos de algún modo vamos a mover la situación. La lectura mueve la historia personal y la historia colectiva.”
Fuente: “Las nuevas juventudes y su relación con la lectura.” Florencia María Pérez Declercq Lic. En Ciencias de la Educación con Especialización en Nuevas Infancias y Juventudes. (UNGS 2008).
¿Por qué cierta lectura choca con la cultura dominante?
Para caracterizar la cultura dominante es preciso pensar en las estructuras y formas económicas en que ésta se inserta. Estamos atravesando un momento histórico en que el capitalismo se ha instalado de una manera generalizada dando lugar a una economía globalizada. Esta economía se distingue por trascender las fronteras nacionales, dando lugar a fuertes monopolios y a una brecha creciente entre pobres y ricos que sume a una gran parte de la población en la pobreza y la exclusión social. La economía globalizada cuya producción es en serie, busca generar un consumo homogéneo, uniforme, para de este modo construir un mercado transnacional que consuma lo mismo. Este consumo debe, a su vez, cambiar periódicamente. Crear un mercado homogéneo implica borrar las diferencias regionales, las producciones culturales de cada lugar. Se suma a esto la fuerte incidencia de las nuevas tecnologías de la comunicación que, a la vez que permiten la circulación de información a lo largo y a lo ancho del planeta, posibilitan la manipulación de la misma en pos de los intereses de los sectores más poderosos. Los procesos antes mencionados no son ajenos a la cultura hegemónica. Ya que se requiere de determinadas condiciones simbólicas para que estas formas de producción y distribución económica sean posibles.
Paco Ibáñez, Rosario, Parque España, octubre 2010.
La cultura dominante se caracteriza por el utilitarismo, la búsqueda permanente de un fin económico. Para lo anterior la velocidad es crucial, ya que es en la ecuación velocidad – producción en que se juega la eficiencia del hacer. Hay un afán por la inmediatez en detrimento de procesos que llevan tiempo y esfuerzo. El éxito se plantea en términos individuales, dejando a un lado la dimensión comunitaria. Esto genera fuerte competencia e individualismo. Se trata, a su vez, de una cultura centrada en la imagen, una imagen anclada en la juventud, que deja de lado otros aspectos de la vida humana, entre ellos el pensar. De la mano de la imagen, otra bandera que se enarbola es la de la búsqueda del placer. Un placer obtenido a cualquier precio, un placer permanente y en gran medida individual, desligado de la construcción colectiva. A su vez, conviene recordar que estos procesos no se dan sin contradicciones. Contradicciones que son motor de la historia y desde las cuales es dable pensar la transformación.
Contrastes
Si tomamos cada una de estas características y las confrontamos con ciertos actos de lectura, observaremos que en muchos casos se presenta un fuerte contraste con la cultura dominante. También existen actos de lectura que resultan funcionales al poder dominante y operan como un refuerzo del mismo. Por lo tanto más que hablar de la lectura deberíamos hablar de lecturas, para dar cuenta de los múltiples modos en que ésta puede darse y las consecuencias dispares que acarrea.
A diferencia de la uniformidad que masifica, la lectura de ningún modo es homogénea, apela a lo más subjetivo, generando procesos únicos que dependerán de la historia de cada sujeto. Estas diferencias pueden generar incluso confrontación y debate a partir de las interpretaciones distintas e inéditas que cada lector produce. Muchas veces una lectura lleva a la otra, enriqueciendo el mundo interno del sujeto, quién iniciará recorridos que también serán únicos e irrepetibles.
Sin embargo, también se presenta el fenómeno de la lectura como homogeneizadora. No pocas veces la escuela se ocupa de proponer una lectura lineal y unívoca, anulando los procesos subjetivos que ésta pudiera desencadenar. El mercado también ofrecerá materiales de lectura que apelen a un uso uniforme del mismo y que ayuden a uniformizar a los sujetos. Desde planteos autoritarios que niegan al lector como sujeto. Con formatos remozados y argumentos barnizados nos seguimos encontrando con cantidad de discursos que a modo de recetario nos indican qué hacer.
Frente a una cultura utilitarista, que mide el éxito en términos de productividad, la lectura resulta “improductiva”, a la vez que implica tiempo y dedicación, aún cuando muchos discursos actuales pretendan presentarla como una actividad puramente placentera, escindida del esfuerzo. En palabras de G. Montes “Leemos porque estamos solos frente al enigma. (…) también es un placer, pero es un placer punzante. (…) es una apuesta fuerte y es un trabajo.” La lectura supone otros tiempos que los que marca el ritmo del mercado. Tiempos que incluso van mucho más allá del momento mismo de la lectura, marcando una cronicidad muy lejana al zapping. En ocasiones, una conclusión provocada por la lectura nos “cae” mucho más tarde que la lectura misma. Asimismo, sus efectos pueden generar en el lector una puesta en duda de los valores imperantes.
Existen, sin embargo, numerosos materiales de lectura que ofrecen al lector recetarios prácticos para diversos usos. En los cuales el objetivo será un resultado práctico e inmediato. Desde técnicas para ganar dinero a fórmulas para ser felices, no pocos textos se inscriben en una lógica utilitarista.
En contraste con una cultura individualista e inmediatista, la lectura se trata de una acción que obliga a pensar, a imaginar y que, lejos de resultar individual, es en última instancia un encuentro, un diálogo con el otro. Un otro que estará representado por los personajes, por el propio autor. También habilita el diálogo con los otros reales y concretos, cuando a partir de la lectura se producen diálogos, intercambios, recomendaciones… Y es en esos diálogos en que se juega el lugar emancipador de la lectura. No obstante, también existen producciones escritas destinadas al culto del individualismo, que plantean el éxito personal escindido de toda dimensión colectiva o comunitaria.
La economía globalizada precisa de un consumo homogéneo pero cambiante. La lectura también atenta contra esta regla. El libro, a diferencia de una prenda de moda, no necesariamente pierde vigencia con el tiempo. Es más, en ocasiones su “edad” lo revaloriza. Lo que la lectura produce no pasa por la imagen y el placer que proporciona no se da necesariamente en forma permanente ni inmediata. Muchas veces implica un arduo trabajo internarse en un texto, otorgarle un sentido.
No faltan, los libros de moda. Acompañados de la publicidad necesaria como para convertirlos en best sellers. Materiales cuyo único mérito es estar en la vidriera y presentarse como novedosos o atractivos. La enorme producción de libros en la actualidad no tiene precedente en la historia, sin embargo no deberíamos homologar consumo a lectura. Resulta una práctica habitual el ojear contratapas e índices para “estar al tanto”, planteada como una necesidad desde ciertos parámetros sociales. Y aún, en ciertos sectores, también se instala el libro como un objeto de consumo que cotiza bien en la imagen social. Podemos ver, por ejemplo, revistas de decoración que incluyen en las fotos de interiores libros, instalados allí como un objeto decorativo.
Si lo pensamos en términos económicos, no se trata del negocio más redituable, y a diferencia de otros rubros, existen múltiples estrategias de resistir las leyes del mercado. Las fotocopias, los préstamos e intercambios, las donaciones, las ventas de textos usados a muy bajo costo, las bibliotecas públicas, la lectura en la red, son algunas de las formas de resistencia que atentan contra el consumo más mercantil. Aunque, evidentemente, el mercado no pierde la oportunidad de que el libro como objeto de consumo resulte un negocio rentable. Existe una industria alrededor del libro que produce fuertes ganancias y que no escapa a las reglas propias del mercado. Por ejemplo, en los grandes centros de consumo, existen monopolios a la hora de vender este tipo de material, cerrando las puertas a los pequeños editores y a las producciones alternativas que no cuentan con fondos para la circulación, publicidad y venta. La información cuesta dinero y otorga poder a quien la posee. Es entendible, entonces, que cierta información sea accesible solamente a una franja de la población: la que la puede comprar.
El acto de leer, en su sentido más profundo, supone un acto emancipador. Permite al lector cierta autonomía en sus interpretaciones. En el caso de la lectura placentera, esta no va en busca de un fin económico, y ni siquiera obtiene placer sin esfuerzo ni dedicación. Queda claro, entonces, como puede romper con la lógica dominante. Pero como, a su vez, los actos de lectura, en muchas ocasiones, sirven a los intereses del mercado y de la cultura que le hace de soporte. Retomando a G. Montes podemos pensar la lectura como un acto emancipador: “Para desmontar el pensamiento hegemónico hace falta leer y la lectura siempre necesariamente incorpora la historia, el acontecer. (…) La perplejidad es el primer punto de la postura del lector .Si nos sentimos perplejos, si nos preguntamos, desencadenamos lectura y si leemos de algún modo vamos a mover la situación. La lectura mueve la historia personal y la historia colectiva.”
Fuente: “Las nuevas juventudes y su relación con la lectura.” Florencia María Pérez Declercq Lic. En Ciencias de la Educación con Especialización en Nuevas Infancias y Juventudes. (UNGS 2008).
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cultura y comunicación
Estrategias de publicidad para EL 2011
Lee atentamente este artículo y explica por qué adquieren importancia las redes sociales en la implementación de estrategias para publicitar durante este año.
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Publicidad
jueves, 17 de marzo de 2011
Comunicación: El consumo de medicamentos y la publicidad.
A partir de este informe tomado de un canal de youtube que se especifica en el video:
- Invitamos a reflexionar sobre las nuevas estrategias para generar conductas de consumo.
- Redifinir la concepción de persuasión y manipulación
- Discutir sobre los límites éticos de este tipo de publicidad
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cortometrajes para analizar
domingo, 20 de febrero de 2011
Algunas revistas digitales sobre comunicación para recorrer...
- Revista TELOS (Revista de Educación y comunicación en medios audiovisuales)
- Revista científica y grupo de investigación ADMIRA
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Revistas sobre comunicación
martes, 23 de noviembre de 2010
domingo, 21 de noviembre de 2010
zapping kolla
Comunicación y cultura...
Observá este video y debatí con tus compañeros qué relaciones encontrás entre comunicación y cultura...
Observá este video y debatí con tus compañeros qué relaciones encontrás entre comunicación y cultura...
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cortometrajes para analizar
Comunicarnos: derecho a la comunicación
Una página de interés para los que trabajamos en la enseñanza de Comunicación y para los que son estudiantes!!! A veces los que dictamos la materia "comunicación" nos ceñimos a los diseños curriculares y perdemos la flexibilidad para mirar los problemas actuales que encierra la comunicación, y sobre todo el sentido último de enseñar a comunicarnos, algo que parece tan inherente al ser humano, requiere de entrenamiento, praxis y reflexión. Desde este punto de visto creo que espacios como el que se propone a través de este link, contribuyen a una práctica de la enseñanza de la comunicación más cercana a las realidades y culturas que los alumnos traen a la escuela, y de la que aún nos resta muchísimo por aprender.
En ocasión al Día Internacional de los Derechos Humanos, el jueves 10 de diciembre de 2009 se presentó el Proyecto Comunicarnos, Campaña argentina por el derecho a la comunicación, desarrollada en el marco del Proyecto PNUD ARG/09/018 "Participación, Comunicación y Democracia - Proyecto multimedia sobre Derecho a la Comunicación", con el objetivo de promover la formación de la ciudadanía sobre el Derecho a la Comunicación y estimular su compromiso y participación para hacer efectivo su cumplimiento como uno de los derechos humanos fundamentales para la democracia.
El objetivo del proyecto es promover la formación de la ciudadanía sobre el DERECHO A LA COMUNICACIÓN y estimular su compromiso y participación para hacer efectivo su cumplimiento como uno de los Derechos Humanos fundamentales para la Democracia.
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Recursos web,
tarea para alumnos de comunicación
martes, 11 de mayo de 2010
Rodolfo Walsh/Ultimo verano
Diario Página/12, suplemento Radar 25.03.07
Hoy se cumplen exactamente 30 años del asesinato y desaparición de Rodolfo Walsh a manos de un grupo de tareas de la ESMA, a plena luz del día y cuando Walsh terminaba de despachar en un buzón su “Carta Abierta de un Escritor a la Junta Militar”. En este relato, Lilia Ferreyra, su mujer y compañera, recuerda esos meses de clandestinidad y esperanza en los que Walsh, ya convencido de la derrota armada y sin abandonar la organización, planteaba el repliegue de Montoneros para evitar el aniquilamiento: no se trataba de darse por vencido, sino de reencauzar la lucha por otras vías. En lo personal, comenzaba a organizar su nueva forma de acción política como una producción totalizadora que abarcara la denuncia, el testimonio, el análisis político e ideológico y el relato literario. Además, escritores, periodistas y amigos le rinden homenaje.
Por Lilia Ferreyra
Era la noche del 24 de marzo de 1977. Sobre la angosta mesa de madera que usaba como escritorio y despejábamos para comer, estaban las primeras cinco copias de la “Carta de un Escritor a la Junta Militar”. Salimos de la casa y nos quedamos parados bajo el cielo sin nubes, luminoso de estrellas. Rodolfo empezó a señalarlas, dibujando en el aire las constelaciones, como tantas otras veces desde el muelle ya perdido sobre el río Carapachay. Su contemplación nunca fue pasiva. Había estudiado el mapa del cielo y le gustaba ubicar las formaciones celestes mientras hablaba de años luz y dimensiones sobrehumanas como aquellas en las que décadas atrás había imaginado el espacio tridimensional de un tablero de ajedrez para escribir el relato sobre una partida entre los dioses. Ahora, los dioses no existían, pero sí los mapas terrenales que siempre lo acompañaron. Necesitaba conocer con precisión obsesiva los territorios en los que vivía, anticipar los itinerarios por calles y lugares, conocer desde la perspectiva del mapa el espacio donde se iba a mover.
Ahí estábamos en medio de la noche, en ese campito de media hectárea donde vivíamos desde hacía unos tres meses, escuchando el suave siseo de los altísimos eucaliptus y del frondoso y antiguo laurel que marcaba el límite entre lo que iba a ser el jardín y la quinta.
–Quisiera plantar una doble hilera de álamos plateados desde la entrada a la casa. Cuando el viento mueve las hojas, suenan como lluvia fina –dijo recordando el campo de su infancia, en el sur bonaerense.
Dudé de que alcanzara el tiempo.
A la derecha, en un rincón, se pudría lentamente el mantillo que iba a abonar la tierra. Una capa de hojas, una capa de tierra y una capa de bosta que salíamos a recoger con una pala y una bolsa por las calles sin asfaltar de San Vicente siguiendo las huellas de los caballos al paso. Había aprendido a preparar el mantillo en un librito sobre horticultura que compró para que yo lo estudiara. Pero su curiosidad pudo más y cuando lo abrí ya estaba subrayado con alguno de los marcadores de colores que usaba para leer.
A la izquierda estaba el cuadrado de tierra húmeda y removida en el que esa misma tarde habíamos voleado las semillas de lechuga, la primera puesta en acción del proyecto de quinta que había ideado, con gallinero incluido. Como el terreno podía dar para algo más, quería averiguar sobre cultivos intensivos y llegó a fantasear sobre la producción de azafrán y la posibilidad de tener un tractorcito japonés multifunción.
Delante del almácigo de lechugas estaba el antiquísimo aljibe de ladrillo con su doble arco de hierro oxidado que descubrimos cuando llegamos a esa casa por primera vez. Aunque estaba seco, planeó recuperarlo en poco tiempo. La imagen del aljibe parecía una puesta en escena del cuento “Juan se iba por el río”, la historia de un argentino del siglo XIX que entre 1966 y 1967 Rodolfo había empezado a escribir como una novela, en realidad, un nuevo cauce del cuento “Cartas”, publicado en Un kilo de oro en 1967. En ese tiempo, su interés por la historia argentina había ido desplazando a la literatura. De sus periódicas recorridas por las librerías, volvía con libros como La historia del alambrado, Vida de muertos de Ignacio Anzoátegui o ejemplares de la colección El Pasado Argentino de Hachette, entre ellos las crónicas de los viajeros europeos del siglo XIX y el muy marcado Estampas del pasado de Busaniche. Rodolfo era un lector insaciable; leía con un lápiz en la mano y discutía con los autores, haciendo acotaciones a pie de página o en los márgenes.
Apoyada en el tronco del laurel estaba la estaca con la que días antes habíamos destruido un hormiguero. Había leído sobre ranchos invadidos por ejércitos de hormigas que obligaban a los gauchos a abandonarlos, convirtiéndose en taperas, y decidió librar también esa guerra contra la incontenible fuerza colectiva de la especie. Para conocer a fondo el mundo de las hormigas quiso que en alguna de mis idas a la Capital comprara el libro de Maeterlink. Aunque no lo conseguí, todos los días al anochecer, cuando las hormigas vuelven con su carga, las seguíamos con el farol para encontrar la boca principal del hormiguero.
–Detrás del laurel, entre las lechugas y el aljibe, va a pasar el túnel –había dicho señalando la trayectoria que íbamos a cavar bajo tierra para poder escapar si nos llegaba a rodear un cerco represivo. Para que los vecinos no sospecharan, quería montar un galponcito, pegado a una pared de la casa, para camuflar el lugar donde empezaríamos a cavar. Algo de tierra iba a ir al mantillo y el resto se diseminaría por el amplio terreno de la casita de San Vicente.
Habíamos llegado a San Vicente en diciembre del ‘76, llevando con nosotros algunos libros, sus papeles inéditos y lo necesario para la nueva vida cotidiana. También llevamos una foto de su hija Vicki que, después de su muerte en un enfrentamiento con el ejército, Rodolfo nunca pudo volver a mirar. Pero sí pudo escribir la noche del día de la insoportable noticia: “El verdadero cementerio es la memoria; ahí te guardo, te acuno, te celebro, y quizá te envidio, querida mía”. Y tres meses después, su “Carta a los amigos”, contándoles quién era Vicki y por qué murió. “No vivió para ella; vivió para otros y esos otros son millones –escribe–. Su muerte sí, su muerte fue gloriosamente suya y en ese orgullo me afirmo y soy yo quien renace de ella.”
A fines de 1976, convencido de que la derrota militar de Montoneros era irreversible, había planteado a sus compañeros la necesidad de un repliegue para evitar el aniquilamiento. No se trataba de darse por vencido sino de reencauzar la lucha por otras vías. Aunque sus propuestas caen en el vacío, Rodolfo empieza a preparar nuestro propio repliegue sin abandonar su lugar en la organización. “Hay que salir del territorio cercado, Buenos Aires.”
Fue así que iniciamos “la expedición al sur”. Siempre con un mapa a mano, Rodolfo había buscado en un mapa de la provincia de Buenos Aires un lugar próximo a la Capital donde hubiera agua. “Hay que seguir la ruta de las lagunas porque nos quitaron el Tigre. Necesito vivir cerca del agua.” Y encontró la más próxima: la laguna de San Vicente. Aunque los grandes juncales la habían reducido casi a un charco, no se desanimó cuando llegamos hasta allí. Los árboles, el silencio y la placidez de la siesta no lo hicieron dudar de la elección de San Vicente como la primera estación en el largo camino hacia el sur.
Ya instalados en la modesta casita –no había luz eléctrica, ni agua corriente ni gas–, comenzó a organizar su nueva forma de acción política. La concebía como una producción totalizadora que abarcaba la denuncia, el testimonio, el análisis político o ideológico, el relato literario. Y aunque no era un hombre inclinado a hablar de su pasado, sintió la necesidad de escribir también sobre las etapas y cambios de su vida desde una perspectiva distinta a la breve autobiografía que había publicado en 1965. Como nombre de entrecasa llamó “Memorias” –no le gustaba ese título– a esos futuros textos que girarían en torno de su relación con la literatura, con la política y con su propio mundo afectivo –su infancia, las islas, las mujeres, el campo–, el único al que alcanzó a ponerle título, “Los caballos”, antes de comenzar a teclear las primeras líneas.
Había nacido el 9 de enero de 1927 en la isla de Choele Choel, Río Negro, donde su padre, argentino nieto de irlandeses, era encargado de una estancia. Pasó su infancia en el campo, junto con sus tres hermanos varones y una hermana que luego sería monja. La crisis económica de los años ‘30 los golpeó duramente y Rodolfo fue enviado a un internado irlandés para huérfanos y pobres donde aprendió a defenderse con los puños y con su inteligencia. Rebelde, ingenioso y empecinado, esos rasgos de su infancia reaparecen en Mauricio, su personaje del cuento “Fotos”, que “probaba el filo del mundo y rebotaba y se lanzaba otra vez al asalto”. En sus memorias sobre su relación con la literatura, recordaba que su primera experiencia como narrador había sido oral: en ese internado había logrado captar la atención de sus compañeros, contándoles cada noche un capítulo de Los miserables de Victor Hugo, que su madre le había leído durante unas vacaciones en el campo. La intensidad vital de su experiencia escolar se refleja en los tres cuentos de la serie conocida como “De los irlandeses” y en un relato autobiográfico, “El 37”, año en que ingresó como pupilo en una de estas instituciones.
Como aberrante paradoja, estaba emparentado por vía materna con lord Kitchener, militar colonialista inglés nacido en Irlanda, quien organizó el primer campo de concentración del siglo XX en Sudáfrica, durante la Guerra de los Boers, donde murieron de hambre y abandono 20 mil personas. Ministro de Guerra de Gran Bretaña en la Primera Guerra Mundial, Kitchener fue el Tío Sam de los británicos en la campaña de reclutamiento. El cartel con su imagen fue muy convincente para un tío de Rodolfo, argentino hijo de irlandeses, quien se alistó con los aliados y murió en Salónica. La historia del “tío Willy que murió en la guerra” es el último cuento de la serie de los irlandeses y quedó inconcluso. No escribió sobre Kitchener y le alegró saber que los irlandeses del Eire lo odiaban.
Entre los escritos inéditos que robó de nuestra casa el grupo de tareas de la ESMA había otro relato autobiográfico que tituló “El 27”. En ese texto, escrito pocos meses antes de su muerte, reaparecen imágenes de su infancia, en la que se recorta la figura de su padre en el escenario de lo que Rodolfo llamaba la cultura de la tierra, “que hemos perdido”. Su padre no había sido un intelectual. Pero Rodolfo admiraba y respetaba a ese hombre de pocas palabras y lecturas que tenía el saber de la vida de campo, y dos grandes pasiones: los caballos, con los que hablaba, y el juego. Para alejarlo de naipes y apuestas, su esposa lo obligó a leer un libro: El jugador, de Dostoievski. El padre lo leyó en tres días y se lo devolvió sin decir palabra. Jamás volvió a leer otro libro, y siguió jugando hasta la última apuesta: un galope a campo traviesa con su caballo que rodó al pisar una vizcachera y lo mató. La madre y los hijos tuvieron que dejar el campo. Rodolfo tenía unos 20 años. Solo, para salvar del sacrificio al caballo de su padre, lo montó e hizo un viaje de 200 kilómetros por el sur, desde su casa hasta el campo de un tío donde podía dejarlo. A caballo, en medio de la pampa, ese viaje es casi anticipatorio de otros itinerarios de su vida.
Desarraigado de ancestros irlandeses y de cualquier canon familiar y académico, fue esencialmente un autodidacta que terminó su escuela secundaria a los 22 años y dejó inconclusa la carrera de Letras. Y fue esencialmente un autodidacta en su formación política que, desde su juvenil paso por la Alianza Nacionalista a la construcción de su pensamiento de izquierda, estuvo atravesada por las reveladoras vivencias de sus investigaciones, como los fusilamientos de Operación Masacre, El Caso Satanowsky y ¿Quién mató a Rosendo?. Su rigurosa coherencia entre la idea, la palabra y la acción fue definiendo sus opciones en la lectura de los textos políticos y siempre se dedicó a estudiarlos en función de su trabajo como escritor y periodista, y a partir de 1968, de su compromiso como militante de un proyecto colectivo en el campo del peronismo revolucionario.
En 1965 escribió en su breve autobiografía: “Operación Masacre cambió mi vida. Haciéndola, comprendí que además de mis perplejidades íntimas, existía un amenazante mundo exterior. En 1964 decidí que en todos mis oficios terrestres, el violento oficio de escritor era el que más me convenía”. Pero no lo sentía como una determinación mística; podía cambiar, empezar de nuevo. Y en 1967, el cambio llegó de la mano de su amigo Paco Urondo, quien acababa de regresar de Cuba con una invitación para Rodolfo: ser jurado del Concurso de Casa de las Américas y participar en el Congreso de los Intelectuales.
Conocí a Rodolfo pocos meses antes de esa invitación. Tenía 40 años y ya había escrito casi toda su obra literaria y periodística. Gran parte de los últimos seis años los había vivido escribiendo en una isla del Delta, aunque siempre interesado por lo que pasaba en el país y en el mundo. Pero estaba inquieto, algo cansado de las presentaciones de libros, del mundo literario de entonces. Y profundamente conmovido como tantos otros por la muerte del Che. En ese mes de octubre del ‘67 escribe: “¿Por quién doblan las campanas? Doblan por nosotros. Me resulta imposible pensar en Guevara, desde esta lúgubre primavera de Buenos Aires, sin pensar en Hemingway, en Camilo, en Masetti, en Fabrizio Ojeda, en toda esa maravillosa gente que era La Habana en el ‘59 y el ‘60. La nostalgia se codifica en un rosario de muertos y da un poco de vergüenza estar aquí sentado frente a una máquina de escribir…”. Pero la nostalgia y la culpa no opacan su lucidez y semanas más tarde termina de escribir “Un oscuro día de justicia”, otro cuento sobre el internado de irlandeses que gira en torno del poder que humilla, la dignidad del rebelde, el dolor de la derrota, y la esperanza inquebrantable en la astucia, la sabiduría y la paciencia de un pueblo para convertir un revés en victoria.
La primera vez que fui a su casa vi sobre la pared una gran foto en blanco y negro de La Habana y ahí supe que había vivido dos años en Cuba y trabajado en la agencia Prensa Latina. Pero nunca se explayó sobre las razones de su alejamiento de la isla. No era cubano, no había combatido en la Sierra Maestra; había llegado a La Habana después del triunfo de la Revolución. Profundamente respetuoso de los que forjan y actúan, a su regreso a Buenos Aires mantuvo un silencio de seis años que sólo quebró con dos líneas en esa breve autobiografía: “Me fui a Cuba, asistí al nacimiento de un orden nuevo, contradictorio, a veces épico, a veces fastidioso”. Recién en 1969, cuando ya se había producido su reencuentro con Cuba, menciona en el prólogo de “Los que luchan y los que lloran” al sectarismo como uno de los motivos que en 1961 explicaban la salida del director de Prensa Latina, Jorge Ricardo Masetti, de la agencia cubana. Y quizá también la de él. Aunque en Masetti había otra razón, quizá más crucial, vinculada a la gestación de la guerrilla rural en Salta. No había sido, en esos primeros años de la década del ‘60, la opción de Rodolfo. Sus procesos de cambio fueron lentos pero rigurosos.
Aquel enero del ‘68 en La Habana, donde se reencontró con sus amigos y compañeros de Prensa Latina y Casa de las Américas, y su participación en el Congreso de los Intelectuales, donde escuchó a los delegados de países que estaban en lucha por su liberación, marcó en forma irreversible el rumbo de su compromiso político. La Habana era la caja de resonancia de un mundo en cambio y los debates sobre el rol de los intelectuales abarcaba desde la creación de nuevos géneros literarios como el testimonio a la participación activa en la lucha revolucionaria. Al regresar a Buenos Aires, comenzó su militancia con las armas de su oficio de periodista y organizó el periódico de la rebelde CGT de los Argentinos donde escribió: “El campo del intelectual es por definición la conciencia. Un intelectual que no comprende lo que pasa en su tiempo y en su país es una contradicción andante, y el que comprendiendo no actúa, tendrá un lugar en la antología del llanto, no en la historia viva de su tierra”.
Pero algo le preocupaba. Sabía que estaba iniciando un camino que le iba a absorber casi todo su tiempo. Y su tiempo, como el del país, fue vertiginoso. En 1973 se incorpora a la organización Montoneros. Integrado a un proyecto político-militar, trató permanentemente de hacer tomar conciencia al conjunto de sus compañeros sobre la racionalidad de una lucha político-militar, una lógica, si se quiere una ciencia, que no admitía improvisaciones. Para él, ese proyecto no podía asentarse sólo en la calidad revolucionaria de sus ejecutores, sino fundamentalmente en una correcta comprensión de la fuerza del enemigo, en la solidez de un pensamiento histórico y en la elaboración de una estrategia política global.
Su militancia estuvo signada por esa concepción. Así, ya meses antes del golpe militar del ‘76, Rodolfo veía con gran preocupación ese desenlace. En la edición de 1969 de Operación Masacre advertía: “Las torturas y asesinatos que precedieron y sucedieron a la masacre de 1956 son episodios característicos, inevitables y no anecdóticos de la lucha de clases en la Argentina (…) Que la oligarquía, dominante frente a los argentinos y dominada frente al extranjero, esté temperamentalmente inclinada al asesinato es una connotación importante, que deberá tenerse en cuenta cada vez que se encare la lucha contra ella”.
Por eso, y pese al tumultuoso proceso político que se desencadenó después de la muerte del Gral. Perón, Rodolfo se oponía a todo argumento que intentara justificar la necesidad de que los militares reasumieran el poder frente al desgobierno de Isabel Martínez. Porque no sólo los históricos aliados de los golpes militares en Argentina esperaban con aplausos ese golpe sino que en el propio campo popular y en la propia organización a la que pertenecía, Montoneros, había quienes consideraban que con la caída de Isabel se aceleraría el proceso revolucionario en el país.
Cuestionando esa concepción y previendo que la represión militar iba a alcanzar a todo tipo de expresión opositora, Rodolfo puso en marcha un proyecto de comunicación alternativa, la Agencia Clandestina de Noticias y Cadena Informativa. Y a fines de 1976, empieza a concebir la idea de escribir una serie de Cartas Polémicas, como él las llamó, que iba a firmar con su nombre y distribuir desde la más estricta clandestinidad. Se trataba de recuperar su identidad y, con ello, toda su trayectoria personal para hacerla valer como un arma en esta nueva etapa. Este proyecto de acción política también se desprendía de su total certeza de que la derrota de la resistencia armada era irreversible.
El 9 de enero de 1977, día en que cumplió 50 años, definió dos apuestas para el 24 de marzo del ‘77, aniversario del primer año de gobierno de la dictadura: terminar el cuento “Juan se iba por el río” y difundir la primera de esas cartas polémicas: la “Carta Abierta de un Escritor a la Junta Militar”. Durante tres meses trabajó en ese documento hasta que alcanzó el tono que quería: una reflexión estratégica sobre las razones más esenciales del golpe militar que “instauró el terror más profundo que ha conocido la historia argentina”. Y escribe el eje medular de su denuncia: “Estos hechos, que sacuden la conciencia del mundo civilizado, no son sin embargo los que mayores sufrimientos han traído al pueblo argentino ni las peores violaciones de los derechos humanos en que ustedes incurren. En la política económica de ese gobierno debe buscarse no sólo la explicación de sus crímenes sino una atrocidad mayor que castiga a millones de seres humanos con la miseria planificada”.
Contemporáneo de los hechos que denuncia, ese documento es considerado hoy, 30 años después, el testimonio más lúcido y revelador de esa nefasta etapa de la historia argentina.
El jueves 24 de marzo de 1977 celebramos haber ganado la apuesta. Afuera, junto al laurel estaba lista la precaria parrilla donde el sábado 26 Rodolfo iba a hacer el asado para compartir el festejo con su hija Patricia, su compañero Jorge Pinedo y sus dos hijos, María y Mariano, recién nacido.
El pasto cortado rodeaba la casita. En ese largo verano, varias veces lo había mirado mientras él, con el torso desnudo bajo el sol, aprendía a manejar la guadaña para cortar el yuyaje y limpiar el terreno con el mismo empecinamiento con que durante la noche leía y escribía.
Ahí estábamos en medio de la noche. Desde las sombras del jardín que imaginó, “va a ser un jardín criollo, las plantas mezcladas entre caminitos; no me gusta el parque inglés”, se veía el rectángulo de luz cálida que reflejaban los faroles de querosén en las cortinas –una roja y otra amarilla– que habíamos colgado ese día en las dos ventanas. Lo real y lo imaginado se fundían en una placidez casi perfecta. Rodolfo me abrazó alegre: “Al fin tenemos nuestra casa”. Ambos sabíamos que ese fin, esa casita, era sólo una escala de su compromiso inclaudicable. Igual que todas las noches de esos últimos meses, entramos para tener todo listo ante un posible ataque: cargar las armas y montar las dos granadas de fabricación casera que quedaban en la mesa de luz, al lado del vaso de agua. Como una escena de su obra La Granada, muchas veces temí quedar soldada eternamente a esa latita letal.
Así, poco antes de la medianoche de ese 24 de marzo, primer aniversario del nefasto golpe del ‘76, terminó de teclear las otras cinco primeras copias de la “Carta Abierta de un Escritor a la Junta Militar”. “Sin esperanzas de ser escuchado, con la certeza de ser perseguido, pero fiel al compromiso que asumí hace mucho tiempo de dar testimonio en momentos difíciles.”
El día siguiente fue la tarde de su muerte. Un grupo de tareas de la Escuela de Mecánica de la Armada lo emboscó en una calle de Buenos Aires. Pero no alcanzaron a evitar el disparo más certero de su mejor arma: media hora antes, Rodolfo había descargado en un buzón de Buenos Aires las primeras copias de la “Carta Abierta de un Escritor a la Junta Militar”.
En 1972 había escrito en su diario: “Si yo muriera mañana una parte de mi vida –esta parte de mi vida– podría parecer insensata y ser reclamada por algunos que desprecio e ignorada por otros a los que podría amar. Desde luego esa reivindicación personal no es lo que más importa (aunque no sea totalmente capaz aún de renunciar a ella), lo que importa es el proceso que ha pasado por mí, la historia de cómo yo cambié y cambiaron los demás y cambió el país.
Imagino también un inventario de las cosas que quiero y las cosas que odio: ya lo dije.
Las cosas que quiero: Lilia mis hijas el trabajo oscuro que hago los compañeros el futuro los que no obedecen los que no se rinden los que piensan y forjan y planean los que actúan el análisis claro la revelación de lo escondido el método cotidiano la furia fría los títulos brillantes de mañana la alegría de todos la alegría general que ha de venir un día la gente abrazándose la pareja en su amor la esperanza insobornable la sumersión en los otros.”
Como un hilo tendido hacia el futuro, esas palabras se afirman en mi memoria, el verdadero cementerio donde treinta años después sigo celebrando su vida.
Tomado del blog Periodismo y literatura
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Periodismo y literatura
domingo, 25 de abril de 2010
La comunicación humana
Tarea:
Estimados alumnos de 2do. 3ra.
a. Sugiero copiar el texto que sigue a estas consignas en un archivo de word e imprimirlo para leer.
b. Luego de leer el texto respondé las siguientes cuestiones:
1. ¿Qué información nueva sobre la comunicación aparece en este texto?
2. ¿Qué factores pueden influir en la comunicación?
¿Qué factores podrían influir en el mensaje que elaboraste en clases anteriores con tu compañero/a?
3. ¿En qué nivel de comunicación incluirías el mensaje creado?
4. ¿En qué modelo de comunicación de los que se detallan a continuación incluirías tu texto/mensaje?
5. ¿Qué podrías mejorar de tu producción a partir de lo leído, qué aspecto de tu mensaje podría ser reelaborado? ¿por qué lo reelaborarías?
OBJETIVOS:
*Evaluar los factores que intervienen para que se produzca una comunicación adecuada.
*Comprender la importancia de una buena comunicación como base para una adecuada relación.
CONTENIDOS:
1. 1. Naturaleza de la comunicación humana.
1.2. Definición de la comunicación.
1.3. Algunos factores que influencian la comunicación.
1.4. Niveles de comunicación.
1.5. Modelos de comunicación humana
1.6. Sistemas de comunicación según V. Satir.
1.7. Algunos principios de la comunicación según la Escuela de Palo Alto (Bateson, Watzlawick, Beavin, Satir. (1967)
TEMA 1. GENERALIDADES SOBRE LA COMUNICACIÓN.
1.1. Naturaleza de la comunicación humana.
En nuestros días todo el mundo reconoce que la sola manera de establecer, mantener y mejorar los contactos humanos es la comunicación interpersonal.
La comunicación es un proceso privilegiado y único que identifica el comportamiento humano. "Somos en la medida en que nos comunicamos".
En la modalidad Comunicación, Arte y diseño se busca que los estudiantes aprendan -a partir de diversos lenguajes- construyan mensajes que generen cumplan el propósito buscado, logren una respuesta por parte de los receptores y que resulten eficaces.
El punto de partida para lograr mensajes eficaces es comprenderse. El ser humano debe ser comprendido por el otro y para ser comprendido por el otro, debe también comprenderse. Una de las dificultades de este proceso reside en el aspecto complejo y multidimensional de la comunicación. Esa un proceso que no podemos ni resumir en unas líneas ni dominar en unas horas.
1.2. Definición de la comunicación.
La comunicación es un proceso continuo y dinámico formado por una serie de acontecimientos variados y continuamente en interacción. La esencia de una comunicación eficaz es la respuesta comprensiva a esta serie de variables. La comunicación no es una transferencia de informaciones de un individuo a otro. A través de lo que vamos a abordar en esta asignatura mostraremos como los diferentes significados de los mensajes humanos no pueden ser transmitidos tal cual de un individuo a otro, sino que estos deben ser clarificados y negociados por ambos, dado que pueden estar influenciados por numerosas variables.
1.3. Algunos factores que influencian la comunicación.
La percepción.
La imagen que uno se hace del mundo y del otro es un elemento esencial en la comunicación. Para percibir es preciso sentir, interpretar y comprender el mundo en el cual uno vive. La percepción es pues un gesto personal e interno.
Todos los datos que un individuo posee sobre el mundo deben pasar por sus sentidos. Sin embargo ver no es siempre creer. Sabemos, y esto nos lo han descubierto los especialistas de la comunicación, como los límites fisiológicos del ser humano como son su ojo y su cerebro, pueden frecuentemente ocasionar errores.
Los valores, las creencias.
Los valores están muy relacionados con la estima. Mucha gente no valora más que lo que tiene importancia para ella. Los valores influencian en gran manera el proceso de comunicación porque lo mismo que las percepciones son diferentes para cada uno.
Los sistemas de valores difieren entre las personas por varias razones: la edad, la transición de la infancia a la adolescencia, el mundo del trabajo, los estudios, la situación de pareja, las relaciones parentales ... son factores que modifican u orientan de forma diferente la vivencia de los valores personales.
Las enfermeras deben llegar a saber abordar y resolver estos conflictos de valores, pues las dificultades inherentes a estas diferencias individuales en los profesionales del equipo de cuidados crean incertidumbre y confusión en los pacientes y sus familias.
Las creencias pueden, globalmente, tomar tres formas:
a) Racionales, es decir, las que están basadas en evidencias conocidas.
b) Ciegas, es decir, las que uno adquiere en ausencia de toda evidencia.
c) Irracionales, es decir, las que uno conserva a pesar de las evidencias contrarias.
Lógicamente las enfermeras cuyas acciones están basadas en teorías un tanto dogmáticas, tratan de ajustar sus acciones a sus ideas preconcebidas y deforman así sus experiencias personales, y aunque la realidad no sea a menudo más que una de las múltiples descripciones posibles de los seres y de las cosas, a menudo es tomada por algo adquirido, y por esta razón, no se cuestiona.
Los aspectos sociales y culturales.
Cada sociedad y cada cultura suministra a sus miembros su propia explicación sobre las estructuras y sobre el significado que le da a las cosas. Estas informaciones dan nacimiento a ideas preconcebidas y a generalidades respecto a la forma de ver los otros. Estas ideas preconcebidas, aprendidas a una edad muy temprana, son tan sutiles que a menudo son hasta desconocidas. Sin embargo estas limitan, de manera importante, el estilo de comunicación y de interacción de una persona con otras. Por tanto, si estas generalizaciones y estereotipos sociales y culturales interfieren en nuestras relaciones, estas pueden también modificarlas.
Por tanto la comunicación está íntimamente relacionada con los aspectos sociales y culturales. La cultura enseña a los individuos cómo comunicar a través del lenguaje, los gestos, los vestidos, la comidas, la forma de utilizar el espacio, etc...
Si las enfermeras no conocen estos aspectos sociales y culturales de los pacientes les va a ser difícil saber el sentido a veces tan diferente que ellos dan al mensaje que reciben. Por ejemplo, eructar, en algunas culturas es una forma sana de saber vivir, mientras que en otras es como un insulto y falta de delicadeza.
Los aspectos familiares.
Para entender el mundo, podemos estudiar la familia: situaciones críticas como la autoestima, el poder, la intimidad, la autonomía, la confianza y la habilidad para la comunicación... son partes vitales que fundamentan nuestra forma de vivir el mundo. Por tanto para cambiar nuestra relación con el mundo, tenemos que cambiar a la familia. Virginia Satir nos dice: " la vida familiar es como un témpano de hielo: la mayoría percibe sólo la décima parte de lo que sucede, la décima parte es lo que se puede ver y escuchar. Algunos sospechan que ocurre algo más, pero no saben qué es y no tienen idea de cómo pueden averiguarlo ".
El estado anímico de cada persona.
Todos constatamos cómo nuestro estado anímico nos condiciona en nuestras relaciones. Nuestro cansancio, nuestras preocupaciones, ansiedades, miedos, depresiones, etc.
1.4. Niveles de comunicación.
La comunicación puede situarse al menos a tres niveles diferentes: Intrapersonal, interpersonal y pública.
a) Intrapersonal, cuando el individuo se envía un mensaje a él mismo (al interior de sí mismo). Por ejemplo: cuando la enfermera se dice: "estoy terminando esta cura, voy a ir ahora después a ver al paciente Pedro". Este proceso de comunicación precede los otros dos niveles e implica la percepción de sí y de los otros, elementos esenciales de toda comunicación.
b) La comunicación interpersonal, podemos decir que incluye todo lo que vamos a decir sobre la comunicación entre dos personas, o en la relación terapéutica con pacientes y familia... y que nosotros abordaremos desde la corriente humanista.
c) La comunicación pública, es la que tiene lugar entre una persona y varias otras. La mayor parte del tiempo toma la forma de un discurso público.
1.5. Modelos de comunicación humana.
Una de las mejores maneras de ilustrar la naturaleza y los elementos de la comunicación humana es la utilización de un modelo o de una representación visual.
Los modelos son utilizados con fines diversos. Así la carta geográfica de un territorio preciso puede ser utilizada para planificar una visita. En el campo de la enfermería, un gráfico puede ser utilizado para evaluar la situación global del paciente, (por ejemplo la temperatura). Sin embargo los modelos no nos dan una visión completa de todos los elementos, pero sí un resumen que nos facilita la comprensión. Su utilización puede a veces darnos una simplificación equivocada de la realidad.
Comunicación acción.
La comunicación en tanto que acción forma parte de una concepción lineal del proceso. Esta es en sentido único: A habla a B. Los interlocutores intentan transferir directamente a los otros sus pensamientos e ideas.
Emisor Receptor.
Detrás de esta concepción lineal, hay dos hipótesis importantes:
a) es importante la habilidad para comunicarse y
b) se transmiten directamente la significación de los hechos .
Lógicamente en este tipo de comunicación no se tienen en cuenta las variables enunciadas anteriormente (percepción valores, etc.,) El receptor tiene un rol pasivo que no afecta para nada al emisor. El énfasis se pone sobre todo en la transmitir bien los mensajes. Si hay incomprensiones, o bien se le echa la culpa al emisor por no transmitir bien su mensaje, o bien al receptor porque no ha sido capaz de comprender bien el mismo. Es evidente que este modelo de comunicación es insuficiente e impreciso.
Comunicación - interacción.
La comunicación interaccional nos pone de manifiesto el carácter recíproco y mutuo de la comunicación. Implica a las dos personas que quieren entrar en relación y que deben ser capaces de ponerse en el puesto del otro. Cada uno de los interlocutores intenta percibir el mundo del otro, ver las cosas desde la perspectiva del otro. Por tanto la comunicación se hace en los dos sentidos, y no en sentido único como en la comunicación-acción. Es por tanto un proceso circular en el que los participantes deben a su vez ser emisor y receptor.
Es evidente que esta perspectiva es menos reduccionista que la anterior. Sin embargo ésta aún aparece como muy simple. Cuando es evidente que la comunicación es mucho más compleja que una simple transcripción de una retroalimentación o de feed-back.
Comunicación-transacción.
En la comunicación interacción hay una influencia mutua entre los dos comunicantes. En una transacción los participantes son los dos a la vez comunicadores. Es un proceso más bien de influencia mutua que de intervenciones en tumo.
En la perspectiva de la comunicación transaccional, los participantes están en relación el uno con el otro en el momento en el que comunican. Por ejemplo, en cada díada de comunicación, hay al menos seis personas implicadas. A como él se ve, A tal como lo ve B, A como piensa que B lo ve; B como el se ve, B tal como es visto por A, y B como piensa que A lo ve. Hay pues, a parte del contenido, un mensaje que concierne a la relación existente entre los dos comunicantes.
Así cuando A encuentra a B en el pasillo y le dice "Buenos días, ¿cómo estás?" y que B le responde "Bien, gracias" y este continua su camino, el comportamiento de B se convierte en un mensaje sobre las relaciones existentes entre A y B. Sus comunicaciones siguientes estarán pues influenciadas por la percepción que A se ha hecho de B según la respuesta de este. Si según A, B se ha alejado rápidamente para evitarle, esta percepción influenciará específicamente la relación entre A y B en su próximo encuentro.
El modelo de comunicación según el interaccionismo simbólico.
Este modelo sitúa la comunicación humana en el nivel de las relaciones interpersonales y considera a los individuos en su globalidad. Los interlocutores forman siempre parte integrante de un sistema social específico. Durante la comunicación, ciertos acontecimientos que se producen vienen del interior de los participantes (intrapersonal) mientras que otros son externos y se producen entre los individuos (interpersonal).
Según este modelo en cada secuencia de la comunicación individual encontramos cinco fases diferentes: La entrada de datos (imput), la decodificación, el nacimiento del mensaje, los factores del medio ambiente y la finalidad conseguida por la respuesta (objetivo)
a) La fase de entrada de datos (imput)
Es aquella en la que el comunicador, impulsado por un objetivo preciso por diferentes estímulos internos o externos, se siente forzado a comprometerse en una relación social con otra persona.
b) La fase de decodificación.
La persona intenta interpretar los datos recibidos para a continuación desarrollar y organizar un ensayo de mensaje antes de emitirlo. En primer lugar el individuo examinar las informaciones que le conciernen personalmente, a continuación las otras y ensaya imaginar en el pensamiento las acciones posibles a llevar a cabo así como las posibles reacciones de los otros. Estas evaluaciones consecutivas de las estructuras sociales y de las consecuencias posibles de su comportamiento le permiten organizar los mensajes futuros para que los otros respeten en la medida de lo posible los diferentes datos. Este proceso representa la retroacción intrapersonal.
Esta fase de decodificación y de interpretación es verdaderamente el nudo del proceso de comunicación. Es ahí, en enfecto donde el individuo decide a quien dirigir el mensaje, lo que dirá cómo lo dirá y si tiene lugar enviar un mensaje.
c) El nacimiento o elaboración del mensaje.
La tercera fase del proceso es la de la transmisión del mensaje propiamente dicho y de la elección de los instrumentos. El mensaje emitido por A se convierte en un estímulo para B. B se compromete a su vez en una fase de retroacción y genera un nuevo mensaje que se inscribirá en un medio ambiente específico, es decir en la cuarta etapa de la secuencia de A.
Una segunda retroacción interpersonal liga los factores del medio ambiente de la fase de decodificación.
1.6. Sistemas de comunicación según V. Satir.
Según V. Satir, hay ciertos patrones universales como la gente se comunica. Las personas resuelven de cuatro maneras los efectos negativos de la tensión o del estrés. Estos cuatro patrones los llama : Aplacar, culpar, calcular, distraer. Estos se presentan cuando una persona responde al estrés y, al mismo tiempo siente que disminuye su autoestima.
"Al comenzar a comprender estos patrones, vi que la autoestima quedaba enganchada con facilidad cuando el individuo no había desarrollado un seguimiento de valía personal sólido y bien apreciado. Cuando una persona tiene dudas sobre su valía personal, suele recurrir a los actos y respuestas de los demás para encontrar una definición personal... Recomiendo que todo lo que reciban del exterior sea tratado como algo que deben resolver y no como una forma de definición personal".
Las situaciones de estrés o tensión, por sí mismos no deben representar un ataque contra la autoestima. La sensación de tensión puede ser dolorosa o irritante, más esto no es equivalente a dudar de nuestro valor individual.
Analicemos los cuatro patrones universales que utiliza la gente para resolver la amenaza del rechazo. Al sentir y responder a la amenaza, un individuo que no desea revelar su identidad tratará de disfrazarla de una de estas formas:
1. Aplacar: para que la otra persona no se enfade.
2. Culpar: para que la otra persona la considere fuerte (si el compañero se marcha, será por culpa suya, no mía).
3. Calcular: para enfrentar la amenaza como si fuese inocua, y la autoestima personal se oculta detrás de impresionantes palabras y conceptos intelectuales.
4. Distraer: para ignorar la amenaza, actuando como si no existiera (tal vez si actúo así suficiente tiempo, de verdad desaparezca).
Nuestros cuerpos han aprendido a reflejar nuestros sentimientos de valía personal, sin damos cuenta. Si nuestra autoestima está en duda, nuestros cuerpos expresarán esto mediante alguna manifestación básica.
Aplacador:
Palabras : aceptación "lo que quieras me parecerá bien. Sólo sirvo para hacerte feliz".
Cuerpo : apacigua "Soy un desvalido" - reflejado en la postura de víctima.
Interior: "siento que soy nada; sin ti no vivo. No tengo valor alguno".
El aplacador habla con tono de voz congraciador, trata de agradar, se disculpa y nunca se muestra en desacuerdo, sin importar la situación. Es el "hombre sí" que habla como si nada pudiera hacer por él mismo; siempre tiene que recurrir a la aprobación de los demás.
Para un buen papel aplacador, es muy útil que quien lo interpreta piense que nada vale ; que tiene suerte de que le permitan comer; que debe gratitud a todos, y que es responsable de todo lo que salga mal ; sabe que podría hacer cualquier cosa si utilizara el cerebro, pero reconoce que no lo tiene.
Quien interprete este papel debe adoptar una actitud melosa, de mártir y humilde...
Acusador (inculpador):
Palabras : desacuerdo, "Nunca haces algo bien". ¿Qué te sucede ?
Cuerpo: acusa, "Yo soy el que manda aquí".
Interior : "me siento sólo e inútil".
El inculpador o acusador es aquél que encuentra defectos, un dictador, un jefe que adopta una actitud de superioridad, y parece decir: "Si no fuera por ti, todo estaría bien". El sentimiento interno tensa músculos y órganos; entre tanto la presión arterial aumenta. La voz es dura, tensa y a menudo aguda y ruidosa. Suele señalar con un dedo acusador. Al acusador le interesa más maltratar que descubrir algo.
Cuando inculpes, respira con inhalaciones cortas, o aguanta la respiración, tensando los músculos del cuello. Tu rostro está contraído, los labios curvados con una mueca, las aletas nasales distendidas al tiempo que gritas, insultas, criticas todo lo que tienes a la vista...
Calculador:
Palabras: superrazonables "Si alguien observara con detenimiento, podría notar que uno de ustedes tiene las manos maltratadas por el trabajo".
Cuerpo: calcula" Soy sereno, frío y controlado".
Interior: "Me siento indefenso"
El calculador es un individuo muy correcto, razonable, que no muestra sentimiento alguno. Esta persona parece tranquila, fría, contenida y es posible compararla con una computadora o diccionario. El cuerpo se palpa seco, frío, y tiene una actitud distante. La voz es seca y monótona, y las palabras suelen ser abstractas.
Cuando seas calculador o comaputadora, utiliza las palabras más largas que hayas escuchado, aún cuando desconozcas sus significado ; así al menos,parecerás inteligente. De cualquier manera después del primer párrafo, nadie te atenderá.
Cuando calcules, tu voz se apagará de manera natural, debido a que no habrá sensaciones por debajo del cráneo. Tu mente se concentra en impedir el movimiento, y te encontrarás muy ocupado en buscar palabras adecuadas. Después de todo, nunca debes cometer errores. Lo triste de este papel es que representa el ideal de muchas personas. "Di lo correcto, no muestres emoción. No respondas".
Distractor:
Palabras: irrelevantes. Las palabras carecen de sentido o no tienen relación alguna con el tema.
Cuerpo: angulado "Voy por otra parte".
Interior: "a nadie le importo. Aquí no hay sitio para mí".
Cualquier cosa que haga o diga el distractor será irrelevante a lo que los demás hagan o digan.
Esta persona no responde a la situación. Su sentimiento interno es de aturdimiento; la voz puede ser sonsonete que, a menudo, no armoniza con las palabras, y puede volverse aguda o grave sin razón porque está enfocada en el vacío.
Cuando interpretes el papel del distractor, será útil que pienses que eres como un trompo que gira sin cesar y no sabe a dónde va, y sin darte cuenta de que has llegado a un sitio. Estás muy ocupado en mover la boca, el cuerpo, los brazos y piernas. Asegúrate de nuna y al grano con tus palabras. Ignora las preguntas de los demás; quizá puedas responder con otra relacionada con un tema distinto.
Al principio, este papel te brindará alivio, pero después de unos minutos, sentirás la aparición de una terrible soledad y falta de propósito; empero si te mueves con suficiente rapidez, no lo harás...
1.7. Algunos principios de la comunicación según la Escuela de Palo Alto (Bateson, Watzlawick, Beavin, Satir...
1967. Bateson Watzlawick, Beavin Jackson, Satir... de la Escuela de Palo Alto (Califomia). Estos autores profundizan en la comunicación como un proceso de interacción (o intercambio de mensajes entre dos personas). La comunicación y el comportamiento son prácticamente sinónimos, pues, todo comportamiento es comunicación y toda comunicación afecta al comportamiento. A través de la comunicación se puede deducir el tipo de relación existente.
La meta-comunicación es la comunicación a diferentes niveles.
La teoría sistémica no tiene en cuenta solamente el efecto del comportamiento del emisor sobre el receptor, sino también el efecto que produce en el emisor la reacción del receptor. Entre emisor y receptor hay un intercambio de información que va a definir la relación que les une.
Son conocidos los axiomas de Watzlawick:
a) "No podemos no comunicar".
b) Toda comunicación presenta dos aspectos: el contenido y la relación, de tal manera que el segundo engloba el primero y por consiguiente se convierte en una metacomunicación.
c) Todo intercambio de comunicación es simétrico o complementario, según que esté fundamentado en la igualdad o la diferencia.
d) La naturaleza de una relación depende de la puntuación de las secuencias de comunicación entre los dos interlocutores.
BIBLIOGRAFÍA ESPECÍFICA.
SATIR V (1 99 l). Nuevas Relaciones Humanas en el núcleo familiar. México: Pax.
WATZLAWICK, P., WEAKLAND, J.H. Y FISCH, R. (1985) Cambio. Barcelona: Herder.
WATZLAWICK, P., BEAVIN, J. Y JACKSON, D. (1983) Teoría de la comunicación humana. Barcelona: Herder.
WILSON et KNEISL.(1982). Soins infirmiers psyquiatriq. Montreal: Renouveau pédagogique.
SILES, J. (1996) Pasado, presente y futuro de la Enfermería en España. Perspectiva histórica y fenomenológica. Alicante. Cecova.
CIBANAL, L. SILES, J., ARCE, M. C. (2001) El significado está en las personas, no en las palabras (Hacia una comprensión cultural de la comunicación) 2º Congreso Virtual de Psiquiatría.
Fuente de este texto: Ténicas de comunicación
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